Moulay Idriss debe su nombre a Idriss I, fundador de la ciudad y padre del que fundó en Fez la primera dinastía musulmana idrisida de Marruecos. Se sitúa en la región de Zerhoun, a 3 kms de Volúbilis y 30 kms de Meknes. Tiene el rango de ciudad santa porque alberga el Mausoleo de Idriss I y es en Marruecos un lugar destacado de santidad y espiritualidad. Su pasado es la historia común de varios pueblos, religiones y civilizaciones.


La ciudad ocupa dos colinas y a lo lejos, su silueta recuerda las jorobas de un camello. Que llegue por la carretera del Norte, por la carretera del Rif, de Chefchaouen o Tánger, Meknes o Fez, al salir de una curva le aparecerá como colgada a los flancos de las colinas evocando el ambiente cálido de los pueblecitos llenos de colores y colgados de las montañas.

Desde su promontorio, Moulay Idriss, destaca en el paisaje. Por la mañana, parece una sombra china y acentúa las líneas puras de su arquitectura estructurada entorno a la medina y su mezquita. A mediodía la cálida luz de Marruecos la invade, y al atardecer cae sobre ella un velo de tono tornasolado que la vuelve misteriosa.

Situada a 25 minutos de Meknes y una hora de Fez, en medio del campo, Moulay Idriss espera al viajero en un medio rural sencillo pero lleno de historia por la cercanía del yacimiento romano de Volúblis. Se extiende desde la montaña redondeada por el paso del tiempo hasta la llanura cuyos olivos centenarios son mudos testigos del paso de la historia y de distintas civilizaciones.

Ciudad en la encrucijada de la historia, Mulay Idriss ha visto pasar muchos viajeros y peregrinos. Hoy sigue manteniendo su vocación espiritual pues es un santuario y lugar de peregrinación para los musulmanes. El último jueves del mes de agosto, la ciudad organiza el mayor Moussem de Marruecos: las festividades que se organizan entorno al santo duran semanas y se mezclan bailes, espectáculos, procesiones y rezos.

El Macizo del Zerhoun

El macizo del Zerhoun es un ejemplo típico de una región de una antigua civilización rural dónde los campesinos se dedicaban al cultivo y a la ganadería. Son famosos por su aceite de oliva y productos de la tierra (uva, ciruelas, frutos secos, miel, etc…) También es la prueba del buen quehacer artesanal y de intercambios entre las distintas civilizaciones que por aquí pasaron: Amazig, romana, árabe, portuguesa, ibérica...